La guionista francesa Catherine Paillé afronta su participación en el jurado del Festival de San Sebastián con entusiasmo y sorpresa. Recibió la invitación muy ilusionada porque, explica, los guionistas están poco representados en los festivales franceses. Paillé, miembro del sindicato de guionistas de cine de Francia, reivindica una mayor presencia del colectivo en los jurados y en la industria. Y bromea: “Además, aquí se come mejor que en Cannes”.
Aunque ya había sido jurado en festivales franceses más pequeños, destaca la experiencia de San Sebastián, donde estuvo por primera vez como estudiante de cine. Le gusta especialmente la cercanía con el público. Frente a un Cannes más centrado en la industria, percibe aquí una fuerte presencia de espectadores locales. “Me ha impresionado ver la sala llena en el pase de hoy a las 8:30”, explica. Al mismo tiempo, destaca la importancia del Festival para la industria cinematográfica europea.
Valora también el buen ambiente del jurado y su disposición a escuchar otros puntos de vista. Para ella, pasar horas hablando de cine es como volver a sus años de estudiante.
Paillé asegura que siente que aprende un oficio nuevo con cada película que hace, porque su método cambia según el proyecto y el director. Sin embargo, hay una constante: la documentación. Frente a la idea de que un guionista necesita más imaginación que los demás, sostiene que “la imaginación necesita alimentarse”. Para su película Matronas pasó dos meses trabajando en una maternidad; en su proyecto actual, ambientado hace 50.000 años, ha leído, hablado con científicos y visitado cuevas. “Las cosas que me da la realidad siempre son más fuertes que la imaginación”, afirma.
Como jurado, es consciente de la responsabilidad del palmarés. Le preocupa premiar películas que no entusiasman a nadie, pero tampoco generan rechazo. Considera que un gran premio en San Sebastián puede cambiar la trayectoria de una película, atraer espectadores y dar confianza a los distribuidores.
Entre sus referentes cita Terms of Endearment, Toni Erdmann, The Fabelmans, de Spielberg, y las películas de Marcel Pagnol. Para Paillé, “los personajes son la clave del guion” y le interesan especialmente las películas capaces de hacer reír y llorar a la vez.
Al valorar la selección oficial, busca sobre todo una mirada personal: sentir que una película está “habitada” por quien la ha creado, hasta el punto de que no podría haber sido hecha por otra persona. No tiene que ser autobiográfica, pero sí singular. Por eso celebra la diversidad de la selección, con películas de distintos géneros, procedencias y niveles de comercialidad.
Finalmente, defiende un cine que abra el imaginario y amplíe la mirada. Más que ofrecer respuestas, las películas deben “remover” al espectador y hacerle cambiar, aunque sea interiormente. Esa capacidad de transformar la mirada es también una de las cualidades que Paillé busca como jurado.
ANDREA DE TORO