El panorama de la realización cinematográfica contemporánea supone un gran desafío. Actualmente, hay un sinfín de residencias y laboratorios que fungen como plataforma para poder levantar las películas. Sin embargo, navegar la oferta existente es igualmente complicado y, a veces, estos espacios no son inocuos. La conversación “Acompañando la creación: panorama de residencias y laboratorios internacionales” que ocurrió ayer en el Laboratorio de Audiovisuales de Tabakalera, indagó sobre el rol que estos juegan para la creación cinematográfica.
Maialen Franco, responsable de los programas de formación del Zinemaldia, fue la encargada de moderar la sesión. El propósito de ésta fue “analizar las metodologías, modelos y la capacidad de los laboratorios y la capacidad para impulsar también la creación, la conexión y la circulación internacional de nuevos proyectos, así como reflexionar sobre su utilidad y los retos que enfrentan”, mencionó la encargada de Ikusmira Berriak.
Así, se convocó a profesionales encargados de esta clase: Angélica Cantisani, responsable de programas de Torino Film Lab, Vanja Kaludjercic, directora del Festival de Rotterdam, y Andrea Queralt, coordinadora de FIDLAB Marsella representaron a quienes tienen que elegir las películas que están por hacerse. Para tener una perspectiva de aquellos que las hacen, se invitó a Irati Gorostidi, directora de Aro Berria (2025), y a Diego Céspedes, director de La misteriosa mirada del flamenco (2025), ambos participantes de una o más de estas residencias.
Además de detallar las particularidades de los programas que coordinan, las cuatro representantes de laboratorios coincidieron que, más allá de los proyectos, su principal responsabilidad es juntar un grupo de personas procedentes de diferentes partes del mundo a compartir con sus pares, así como preservar la integridad frente a objetos frágiles como lo son las obras que recién comienzan. Es decir, el componente humano resulta lo más determinante. En palabras de Vania Kaludjercic, “la parte del encuentro informal, de la energía personal, de la pasión mutua, del reconocerse los unos a los otros es la clave de estos programas”.
Por su parte, frente a la pregunta acerca de las búsquedas y las necesidades que tenían al momento de postular a estos espacios, Gorostidi y Céspedes coincidieron que la experiencia de las residencias les dio tiempo y espacio para pensar. Además, se destacó que las dotaciones económicas que proporcionan han traído diversidad al panorama cinematográfico. “Estos laboratorios hacen que gente que no viene de una clase alta pueda trabajar haciendo películas y tenemos que seguir empujando porque hay mucho por hacer”, señaló Céspedes.
Pero no todo es tan romántico y también se reflexionó sobre las dificultas que estos pueden acarrear: que las películas se parezcan mucho entre sí, que se vulnere la integridad de las cineastas mediante la opinión de otros, que se comprometa la libertad por el negocio. Sin embargo, existe una conciencia de las imperfecciones que hay, pero es innegable que hay que cuidar y mejorar estos espacios para que no desaparezcan.
JOSÉ EMILIO GONZÁLEZ