Adaptación de la novela homónima de José Giovanni, Ho! (1968) es la crónica de venganza de François Holin –apodado Ho–, un gánster vulgar y narcisista, antiguo piloto automovilístico reconvertido en chofer de una banda de gánsteres parisinos, quien, tras ser encarcelado por un robo, logra escapar de la prisión La Sante en una hazaña que atrae la atención de los medios, provocando que desde entonces se vea a sí mismo como una estrella del crimen organizado. En palabras de Adrián Esbilla en “Cine Bis 11”, “lo más interesante de la misma son los motivos del protagonista, la adrenalina y la fama. A través del crimen, logra aquello que nunca consiguió con el automovilismo (…) A partir de la icono-imagen de Belmondo, el film contribuye a diluir las fronteras persona-personaje y ayuda a sentar la tipología autoconsciente que el actor estaba adquiriendo durante los 60 y que solidificaría en la década siguiente”.
El film fue realizado por el gran e inclasificable Robert Enrico, casi siempre maltratado por la crítica francesa, injusta y meramente despachado como un cineasta comercial al servicio del lucimiento de sus estrellas (Alain Delon, Bourvil, Noiret, Shimkus). Su filmografía, adscrita a los géneros populares de aventuras, acción, comedia y drama histórico, revela un cine de la masculinidad que exalta la fraternidad viril y el poder de la amistad por encima de cualquier obstáculo. Fascinado por personajes oscuros atrapados por la propia imagen que ostentan de sí mismos, Enrico fue un técnico autoconsciente, meticuloso en su puesta en escena, incluso temperamental en el set de rodaje. En su labor heterogénea, ecléctica, surgen rasgos y obsesiones recurrentes que nos hacen reconsiderar la importancia de sus trabajos bajo nuevos prismas. Su relación con José Giovanni había brindado grandes logros como Los rufianes (1965) y Los aventureros (1966). Sin embargo, el rodaje resultó controvertido, ya que Enrico dirigió el film a su manera, chocando con los intereses de Giovanni y Belmondo. Ambos quedaron decepcionados ante el montaje final, y a partir de entonces Giovanni decidió tomar él mismo las riendas de sus proyectos como director.
Crónica de un seductor megalómano en busca de reconocimiento, en ¡Ho! Enrico parece cuestionar mucho más a este personaje intoxicado por sueños de redención y grandeza y fascinado patéticamente por la vacuidad de la gloria mediática. Según Antoine Royer, “el arquetipo del personaje principal en la obra de Enrico es el tipo de buen corazón que, cuando se enfrenta a una experiencia traumática, una humillación diaria o los fantasmas del pasado, se rinde a la violencia o a la autodestrucción. Por tanto, suelen ser personajes complejos pero entrañables, aún más humanos por su torpeza o errores, pero que luchan por salir de una espiral viciosa que inevitablemente los lleva al fondo”. Pese al fracaso comercial y la tibieza con que fue recibido, el resultado es sumamente entrañable en su imperfección, por mor de su peculiar tono oscilante entre la seriedad de los propósitos de Enrico y el retrato, mucho más logrado y jocoso de un héroe moderno, atrevido y reservado a la vez, anticipo de muchos papeles futuros del camaleón Belmondo, todoterreno con capacidad para amoldarse tanto a diferentes registros genéricos cuanto a cineastas variados (Godard, Melville, Malle). La afición de Belmondo a los filmes de acción repletos de alardes físicos y desafiante insolencia derivaría en caricatura durante los años setenta; véanse al respecto El furor de la codicia (1971), El magnífico (1973) o El incorregible (1975). Sin embargo, en ¡Ho! Belmondo interpreta muy bien y con irresistible encanto a un personaje que, en sus impulsos exhibicionistas, como en la escena frente al espejo, parece un anticipo del Robert De Niro de Taxi Driver (1976).
PABLO FERNÁNDEZ GONZÁLEZ