Los cineastas debutantes Carla Cañellas y Eugenio Tardón han venido a San Sebastián para presentar en primicia Kotodama, el camino del espejo, una película que no es solo una película. Su trabajo forma parte de un proyecto multidisciplinar que incluye la exposición ‘Kokoro No Michi: El sueño de Inari Kūko’, que puede visitarse estos días en Chillida-Leku.
Según cuentan los dos creadores, ambos proyectos nacieron a la vez y convergen de manera orgánica. “No es una exposición de la película ni una película de la exposición. Una cosa expande a la otra”, explican. Por eso, para los dos creadores “es muy bonito” que el Festival permita a los espectadores acercarse a ambos proyectos de forma simultánea. Y más en Chillida Leku, porque, “salvando las distancias, pensamos que la exposición dialoga muy bien con el universo de Chillida”.
Kotodama, el camino del espejo cuenta la historia de Inari Kūko, un personaje de ficción que funciona como alter ego de los dos realizadores. A lo largo de la película, recorre el Camino de Santiago y el Shikoku Henro, una ruta de peregrinación de Japón hermanada con la de Santiago, mientras se inicia en el shodō, el arte de la caligrafía japonesa. Durante el viaje conoce a peregrinos, calígrafos, monjes y artesanos.
Sin embargo, para sus creadores, los caminos de peregrinaje que aparecen en la película y el shodō son, en el fondo, “una excusa” para hablar sobre algo más grande. “El proyecto es una metáfora sobre la importancia de encontrar un camino en este mundo loco en el que vivimos”, explica Cañellas. “Cuando descubrimos que la terminación ‘dō’ de shodō significa camino, se abrió todo el melón”, revela Tardón.
Durante todo el proyecto, los artistas no han parado de encontrar “nexos increíbles” entre los caminos de peregrinaje y el shodō, lo que ha hecho que todo confluya. Por ejemplo, el camino de peregrinaje del Shikoku Henro, en Japón, fue fundado por uno de los calígrafos más importantes de todos los tiempos: Kukai.
Los autores también encontraron similitudes entre el Camino de Santiago y el camino japonés. “Orográficamente son muy parecidos” y, deliberadamente, decidieron no indicar en ningún momento al espectador dónde transcurre cada escena. “Hemos buscado que el espectador no sepa si está en Japón o en Santiago, porque al final lo importante es el camino”, cuentan.
Tanto la película como la exposición están creadas íntegramente por Carla Cañellas y Eugenio Tardón. “Por eso, tiene los títulos de crédito más cortos del mundo”, bromea Cañellas. Aunque se compensa con “muchos agradecimientos”, apunta Tardón.
Para los dos creadores, la producción de Kotodama, más allá del espejo tiene dos partes diferenciadas: una primera en la que investigaron, viajaron, rodaron y “se dejaron llevar”, y otra, el montaje, donde finalmente se “construyó el guion”.
A pesar de la dificultad que entraña trabajar en pareja, la complicidad de ambos ha sido absoluta en todo momento. “Hemos funcionado muy bien: cuando uno planteaba una idea, el otro planteaba otra mejor”, afirman. “Quizá donde nos hemos dado cabezazos es porque lo queríamos todo ya y nos costó darnos cuenta de que todo lleva su tiempo”, confiesan.
Por último, cabe señalar que Kotodama, más allá del espejo es un proyecto amadrinado por Isabel Coixet, que se sumó cuando la película ya estaba prácticamente consolidada. “Contactamos con ella y solo nos dijo una frase: ‘Contad conmigo. El proyecto es muy luminoso’”.
IKER BERGARA ETXEGARAI