Los cómicos también sufren y la pesadilla de Gregorio Esteban, el auténtico Chiquito, llega cuando siente que su identidad es arrebatada. En esa crisis ahondan los guionistas Diego San José, Javier Morales y Juan Zavala (los dos últimos también directores del largo) en El otro chiquito. Pero la crisis que realmente les interesa es otra: “Para mí, utilizamos a Chiquito como vehículo para hablar de una España, de un país, de una época; es un hilo conductor para desgranar una España triste después de las Olimpiadas y de la Expo del 92, en una situación social compleja”, comparte San José.
Pero, ¿qué era aquello que tanto turbó a uno de los personajes más queridos de los noventa? Todo comienza a partir de una imitación. Una noche, el programa más visto de la televisión de la época, “Esta noche cruzamos el Mississippi”, conducido por Pepe Navarro, presenta a Lucas Grijander. El personaje, interpretado por Flo, da fruto a un litigio insólito: Chiquito contra Grijander; una guerra por la propiedad de un fenómeno cultural y por su supervivencia. “Había conseguido el sueño que tanto había perseguido. Lo logra y, en ese preciso momento, ve que todo eso se puede venir abajo porque hay unos señores que le están imitando. Él lo sintió así y sufrió mucho.”, comparte Zavala. Para los creadores, el film es como un thriller: “Un botín que él había conseguido, que tanto había anhelado, de repente se puede venir abajo porque siente que le están robando”, añade Zavala. Según Morales a Chiquito también le persiguió el miedo de “encontrarse con alguien más joven que él, capaz de improvisar, de evolucionar y hacer cosas que él no había conseguido”.
Zavala confiesa que les llamó mucho la atención que el juicio “siempre se ha tratado como una anécdota y, de hecho, la documentación del juicio es muy poca. Si buscas en Internet las noticias de la época, apenas había referencias. La versión que habían dado Florentino Fernández y Pepe Navarro, tratándolo siempre como una anécdota divertida. Lo que nos movió mucho fue descubrir que para él no fue precisamente una anécdota divertida”.
Pero, “¿hasta qué punto alguien puede inspirarse en un artista previo y a partir de ahí empezar a crear un personaje suyo? Yo creo que ellos no tenían conciencia de estar haciendo algo que estuviera mal”, plantea Zavala. Sin ánimo de esclarecer la resolución final del juicio que tuvo lugar en los años noventa, para los autores es muy interesante que a la salida del documental la gente plantee ese debate; que no tenga demasiado claro quién tuvo la razón.
El otro chiquito no es un documental para los fans de Chiquito de la Calzada, es un análisis sobre el poder de las televisiones privadas en aquella década, sobre todo un sistema de competencia y de reglas que aún estaba por crear. Un mundo por explorar.
MARÍA ARANDA OLIVARES