“Y entonces me liberé”. A Thomas Woodroffe (Chile, 1995) no le gusta ver sus propias películas y dice que la última vez que vea su primer largometraje, Bloques erráticos / Erratics, será hoy en el estreno del K2. Es una lástima, porque su ópera prima es de esas películas que puedes ver una y otra vez sin cansarte, con la misma atención que si te hipnotizase la pantalla, y apreciar incluso nuevos detalles cada vez.
Bloques erráticos / Erratics mezcla ficción y realidad para hablar de memoria y preservación cinematográfica, pero también para reflexionar sobre el presente y el futuro de las películas. En geología, un bloque errático es una roca transportada por un glaciar hasta quedar depositada en un paisaje al que no pertenece. Thomas Woodroffe convierte esa imagen en la metáfora central de su ópera prima: una película también puede quedar desplazada de la historia del cine mientras no encuentre la audiencia que le permita ocupar un lugar en la memoria colectiva. Esa premisa toma en el film la forma de Lucien Castelnau, un cineasta francés que, tras permanecer un siglo atrapado en un glaciar, despierta convertido en fantasma, incapaz de descansar mientras su obra permanezca invisible y olvidada, por lo que emprende la búsqueda de su película en un viaje de paisajes visuales, sonoros, voz en off y reflexiones que cautivarán al espectador.
A Woodroffe siempre le ha interesado la fotografía de Martin Gusinde (1886-1969), muy conocido por sus trabajos etnográficos, especialmente entre los diversos grupos étnicos de Tierra del Fuego. Ese interés lo llevó, por error, a su ópera prima. “Hace seis años, una amiga me habló de una investigación académica sobre antiguas fotografías de la Patagonia. Cuando le pedí que me la enviara, se equivocó de archivo y compartió otro documento: una investigación sobre el hallazgo del documental etnográfico La Terre de Feu (1925) en la Cinémathèque de Toulouse. Ese error fue el verdadero punto de partida de la película”.
El cineasta chileno se puso en contacto inmediatamente con la Cinémathèque de Toulouse para ver la cinta. “Viajé a Toulouse, la vi y en ese momento supe que sería mi primer largometraje. Eran materiales únicos sobre las comunidades indígenas, que permitían observarlos como nadie los había observado” (materiales que pueden verse en el largometraje que compite en la sección New Directors). Quiso entonces Woodroffe replicar la ruta del documental rodado hace cien años. Estos viajes de investigación junto con Emilia Martin, directora de fotografía, fueron acumulando material audiovisual que finalmente construyó el guion de Bloques erráticos / Erratics, que coescribió junto con Valeria Hofmann y Antonio Luco. Al estilo de las películas chilenas Sueños de hielo (Ignacio Agüero, 1994) y Brise-glase (Raúl Ruiz, 1988), decidieron ayudarse del “fantasma con voz en off” para contar esta historia.
El reconocido actor francés Denis Lavant pone su cuerpo y voz a disposición del cineasta fantasma, en un papel que parece escrito para él. “Comprendí que estaba perdido”, dice la voz de Lavant, una invitación a que el espectador se pierda en este homenaje a la Patagonia y a sus cielos del fin del mundo.
¿Puede una película existir plenamente si nunca encuentra a su audiencia?
Respecto a la gran pregunta que acompaña al film, Woodroffe lo tiene claro: “Creo mucho en que el cine no es solo su presente. Para mí las películas son objetos que depositas en el mundo y que van a seguir ahí por siglos buscando y encontrando su audiencia”.
IRATXE MARTÍNEZ