Una sonriente Manuela Martelli nos recibe para hablar sobre su nueva película El deshielo, que llega a Donostia tras su estreno en la sección Un Certain Regard del Festival de Cannes. La cineasta chilena repite en esta sección tras presentar su ópera prima 1976 en 2022. Ha intervenido como actriz en títulos como Machuca (Andrés Wood, 2004), Malta con huevo (Cristóbal Valderrama, 2007) o Il futuro (Alicia Escherson, 2013). En su faceta tras la cámara ha dirigido los cortometrajes Apnea (2015) y Marea de tierra (2016), presentado en Sundance.
¿Por qué escogió filmar desde el Chile andino?
Me parecía muy atractivo de filmar porque era un paisaje que se transforma también en un personaje. Creo que tiene mucho que ver con la historia, con la transición. La Cordillera era un bonito telón de fondo para una historia que habla del silencio y, además, desde la frialdad. Para mí, era importante abordar la historia desde los márgenes y ese acercamiento era el mundo rural. Era una manera, para mí, de reivindicar esa idea de la historia como algo que está presente en cualquier lugar.
¿Cómo surge la idea?
A mí me interesaba hacer esta observación de la historia reciente de Chile, que va de la dictadura a la recuperación de la democracia. Porque me parece que ahí hay bases muy fundacionales de lo que es Chile hoy. Es un periodo en el que se pone en práctica un modelo neoliberal.
Además, creo que una parte tiene que ver con recuerdos de infancia, con intentar entender también esa generación que nació en dictadura y que fue una generación muy silenciosa, una generación que salió muy poco a la calle, que se manifestó muy poco, una generación que fue tildada de apolítica.
Ese acercamiento lo hace desde la inocencia de una niña.
Sí. Precisamente por la idea de vincularse con la historia desde los márgenes. Quería entrar en el espacio doméstico, en esos sujetos que parecían no ser sujetos históricos. La infancia también entra ahí, ¿no? Esa sensación de estar relegado de la conversación creo que tiene que ver con la película y con la reivindicación de que ahí también hay historia.
Se retratan también diferentes generaciones desde una mirada femenina.
Sí, y no lo tenía claro desde el principio. Creo que hay algo en ese proceso de escritura que, al ser tan largo, uno va dejándose guiar por la propia historia. Es un proceso similar a la pintura: pintar, alejarse y mirar desde la distancia. Fue ahí cuando me empezó a parecer interesante que aparecieran estos personajes de distintas generaciones y que fueran femeninos. Y, de nuevo, el personaje femenino creo que tiene que ver con lo mismo que te decía: quiénes eran sujetos históricos y quiénes no. Y hacer un poco de justicia con eso.
Aunque el papel masculino también es determinante en la película.
Sin duda. El personaje del entrenador creo que es fundamental, además de contradictorio. A mí me gusta mucho que los personajes estén llenos de ambigüedades, como lo estamos nosotros, y llenos de contradicciones, de paradojas.
MARÍA ARANDA OLIVARES