Para el director Lorenzo Ferro (Buenos Aires, 1998) estar en San Sebastián para presentar El tren fluvial tiene un sabor agridulce por el reciente fallecimiento de Lucas A.Vignale, codirector de la película: “Toda la alegría que me produce estar aquí viene acompañada de tristeza. Me encantaría que Lucas estuviera aquí, tomándose un vino conmigo, riéndose y escuchando los aplausos del Kursaal. Estoy aprendiendo a atravesar esto”. No es el primer trabajo que realizan juntos. En 2025 coescribieron y codirigieron el cortometraje La Pasión, que obtuvo en el BAFICI el Premio Estímulo al Cine Argentino. Ferro apunta que el film es un retrato de su amistad y que “poder hablar de él y presentar la película como homenaje a él me pone contento”.
Su primer largo, estrenado en la sección Perspectives del Festival de Berlín, cuenta la historia de Milo, un niño de nueve años, de un remoto pueblo de Argentina, donde se forma como bailarín de malambo, obsesión de su padre. Pero sus verdaderos sueños son otros: Milo quiere viajar en tren y explorar Buenos Aires, la ciudad que solo ha visto en películas. Para cumplir su sueño, deberá “deshacerse” de su familia y emprender un nuevo viaje.
El tren fluvial surge de un momento muy tierno de la infancia de Ferro, “cuando no me podía dormir y mi abuela me leía ‘El sastrecillo valiente’. Empecé a imaginar y recordar esos momentos. El laboratorio de imágenes nació en mí gracias a ese cuento en el que una persona sale de su casa a demostrarle al mundo su picardía, su valor, su nobleza”. Gloria, de John Cassavetes, también fue influyente para él.
A partir de ahí, Ferro y A.Vignale inventa un mundo “en el que el personaje camina. Queríamos inventar nuestro propio parque de diversiones, un lugar en el que nos gustaría vivir a nosotros”. Con Milo no querían retratar una realidad. Por ello, inventaron ese parque de atracciones del que nos habla Ferro, donde alguien te habla con auriculares; aparece de repente un karateka, o un mono toca el tambor y hace que se acelere el tren: “Un mundo que se parece más a los sueños o a los cuentos que nos contaban nuestras abuelas cuando éramos niños. Realidades que no necesitan tanta justificación”.
Pero, ¿cómo surge este nuevo mundo? “Fuimos a filmar una recreación teatral del Viacrucis y nos dimos cuenta que no nos interesaba en absoluto. En paralelo, empezamos a filmar un cortometraje muy improvisado, pero mientras filmábamos el backstage de la obra, apareció un niño y le dijo a Lucas: ‘mueve la cámara para aquí’. Nos dimos la vuelta y era Milo. Tenía siete años. Era un niño rebelde y, al mismo tiempo, por momentos, muy callado. Era un monstruo muy raro. Tenía una presencia frente a la cámara que nos volvió locos. Fue entonces cuando el personaje tomó un rostro”. Los directores sintieron que aquel niño podía reflejar la sensación de convertir el dolor en aventura, hilo principal del film.
El título del film tampoco está exento de referencias: procede de un poema de Francisco Madariaga que narra un último viaje en tren de un padre y su hijo. A ambos les interesaba la idea de que, antiguamente, uno viajaba en tren a las grandes ciudades a cumplir sus sueños; era el medio de transporte para atravesar el portal de los sueños. Hoy, en cambio, “TikTok se ha convertido en ese tren. De hecho, en Argentina cada vez hay menos trenes, cierran constantemente líneas. Al igual que el poema habla de un último trayecto de un tren, dos semanas después de filmar la película el tren cerró esa ruta; ya no existe”.
Ferro afirma que la codirección entre ellos era una combinación perfecta: “Con Lucas nos entendíamos muy bien. Él era muy bueno con las cuestiones más técnicas y se le daba muy bien lidiar con el equipo; dónde colocar la cámara; cómo coreografiar una escena… Era un guerrero del cine, se pasaba el rato filmando, siempre tenía una cámara en mano. Yo me obsesiono más con el rostro del actor, con cómo le hablo al actor para sacar lo mejor de él, qué truco de magia tengo que hacer. Las cosas quedaban muy claras entre nosotros”.
M. A. O.