Tras trabajar como animador en Pixar, en cintas como Ratatouille, WALL-E y Up, el cineasta francés Louis Clichy, formado en la escuela Gobelins, codirigió junto a Alexander Astier Astérix: La residencia de los dioses y Astérix: El secreto de la poción mágica, basadas en los populares cómics de René Goscinny y Albert Uderzo. Clichy presenta en Perlak su obra más personal, Le Corset (Iron Boy), basada en su experiencia infantil llevando un corsé correctivo.
El film empieza en una cómica sesión de fotografías escolar. El paciente retratista da direcciones a los alumnos para que su mejor cara quede reflejada para la posteridad. Pero hay un joven que se le resiste. Se trata del pequeño Cristophe, hijo de granjeros ganaderos de las llanuras de Beauce, cuya subsistencia se ve dificultada por la extensión de un modelo industrial y masivo de producción agrícola y cárnica. A pesar de las insistencias y aspavientos del fotógrafo, Cristophe es incapaz de mantenerse erguido. Cuando, por culpa de este impedimento, Cristophe destroza el tractor familiar, se ve obligado a portar, hasta para dormir, un aparatoso, limitante y asfixiante corsé Miwaukee.
Divertidas son las caricaturescas y dinámicas expresiones y los torpes gestos y movimientos, propios del slapstick y el cartoon, de quien no se apaña para vivir y moverse sin estar como un elefante en una cacharrería. Pero, sobre todo, triste es el desgaste emocional de las burlas y el bullying; del rencor, el disciplinamiento y la ira masculina de un padre auto-reprimido y poco comunicativo; de la frustración personal por serle veladas las tareas agrícolas en favor de la reclusión doméstica.
En este dulce y tierno coming of age del tránsito a la adolescencia, con todo, hay atisbos de esperanza. Cristophe empieza a enamorarse de Clara, su compañera de natación, y encuentra en la interpretación del órgano de su parroquia una vía para su salvación individual. Pero entonces el dilema emerge: ¿No será la recuperación de su ilusión vital y la consecución de su vocacional sueño artístico un evasionismo frente a una realidad que se cae a pedazos? El imaginativo realismo mágico de la película (el corsé parece dotar a su portador del superpoder de quebrar las leyes gravitacionales, de inclinar la realidad), acentúa la gloria y levitación purificadora de la catarsis musical y amorosa, pero también la resurrección de la responsabilidad familiar, por más sisífico que sea el esfuerzo.
En lo formal, el trabajo sonoro combina la humanidad del realista doblaje con la trascendencia celestial, a coro y órgano, del ‘Réquiem en re menor’ de Gabriel Fauré, caracterizada por su serena evocación del cielo. La acuarelada y ocre animación en 2-D, por su parte, destaca en su coloración de las sombras, mientras que la luz es representada en cada prístino espacio en blanco, prevaleciendo, así, la iluminación. Y su tenue trazo a tinta, tanto como la vaporosa difuminación de los fondos, remite a la frágil densidad de los recuerdos. Le Corset ganó el Premio Especial del Jurado de ‘Un Certain Regard’ de Cannes y el Premio del Jurado y del Público en Annecy. Este último galardón fue recibido en anteriores ediciones por obras como Flow, Amélie y los secretos de la lluvia, The Breadwinner, Perdí mi cuerpo, Loving Vincent o La vida de Calabacín, que terminaron por ser nominadas al Oscar a mejor película de animación. Veremos si a Le Corset le depara el mismo destino.
MANUEL HEVIA