Decenas de estudiantes de todo el mundo recibieron ayer la bienvenida a Nest con unos “consejos” de presentación: extended vuestra curiosidad, discutid y disfrutad de la enorme diversidad de voces que en los próximos días se desplegarán en la pantalla de Tabakalera. Podríamos añadir una nueva máxima: sed generosos, como lo fue el cineasta estadounidense Ira Sachs en el Conversatorio que inauguró la cita, compartiendo su visión dialogal del cine, comentando su aproximación a la intimidad y desgranando los secretos tras su nueva película, The man I love, presentada en Perlak tras su estreno en el Festival de Cannes.
Protagonizada por un desarmante Rami Malek, este emocionante retrato de Jimmy George, un actor con sida que se aferra a su pasión con una persistencia arrolladora, es también un fresco afectivo de la escena queer underground neoyorquina de los 80. Jaume Claret Muxart, director que moderaba el coloquio un año después de ser entrevistado en la misma sección por su Estrany riu, empezaba por destacar este componente colectivo (casi familiar) que permea toda la filmografía de Sachs, quien contestaba: “Está en mi corto Last Adress, homenaje a un grupo de artistas neoyorquinos que murieron de sida. Era una película sobre la ciudad, el silencio y la ausencia, desde los exteriores.
The Man I Love es una especie de reverso, desde los interiores, sobre la energía, la intensidad y el deseo de estar vivos. Yo busco comunidades así para seguir adelante. Creo que hay una energía, reflejada en la película, que se está perdiendo: la de hacer obras para la persona que está sentada a tu lado, para con la que vas a comer o ir a un bar, o para con la que vas a tener sexo.”
En busca de esas comunidades, Sachs contó cómo, inspirado por su activismo empoderante en Act Up, durante los años más oscuros de la epidemia del sida en Nueva York, fundó la organización sin ánimo de lucro QUEER|ART, iniciada como un programa mensual de cine comisariado por artistas LGBTQ. O cómo constituyó, junto a cineastas como Laurent Cantet, Kelly Reichardt o Karim Aïnouz, el grupo Dependent Cinema. Dependiente, también, porque: “necesito mirar imágenes para imaginar imágenes”. Así lo entendió a los veinte años, cuando un semestre universitario en París, solo, sin saber francés, le sirvió para descubrir a Akerman, Loach o Pialat, cuyo Van Gogh afirmó estar adaptando libremente en The Man I Love, igual que habría “remakeado” Dejad paso al mañana de McCarey en El amor es extraño o El inocente de Visconti en Pasajes. Siguiendo este espíritu, mostró a los asistentes un montaje de diferentes referencias presentes en su nueva cinta, de Cassavetes a Philippe Garrel, pasando por Kurt McDowell.
De lo que se trata es de tener la ventana abierta al mundo, sin tener una misión más que contar una historia personal permeable a todo lo que te rodea. “¿Cómo puedo filmar fácilmente algo que parezca lleno de vida?”, se pregunta ante cada proyecto. ¿Su método? Hablar con los actores solo individualmente, sin ensayos, ni explicitud de “motivaciones” que coarten lo no verbalizable; creando una atmósfera y situación que les dé todo lo necesario para experimentar el momento; pensando en cada escena como un acontecimiento registrable, como un “en medio” o un “entre”, representando un universo que parezca preexistir y perdurar más allá de lo filmado; dedicando la mayor parte del tiempo a reflexionar en cómo construir las imágenes, trabajando con el storyboard; meditando en lo que está en juego, en la tensión o el desequilibrio del deseo que impulsa cada escena. Y amplió el repertorio de consejos inicial: si hay un problema, prueba a reducir los diálogos, cambiar el objetivo o replantear un movimiento o un ángulo de cámara, antes que pensar en el subtexto.
En los próximos días, el público de Nest se encontrará con Jordan Firstman, Benjamín Naishat o Naëmi Ada. Sachs se mostraba ilusionado, ante estas posibilidades de conversar en comunidad.
MANUEL HEVIA