Todos los directores importantes del polar trabajaron en una, dos o más ocasiones con las estrellas masculinas del género. Masculinas porque siempre ha sido, o fue en su época dorada, un género masculinizado. A pesar de ello, y como otro rasgo distintivo en un cine donde la misoginia campaba a sus anchas y las mujeres o eran víctimas o eran fatales, Giovanni creó en sus películas como director papeles femeninos de entidad, cuando no los centrales, y repitió con cinco actrices que acometieron personajes no siempre fáciles de representar: Alexandra Stewart (La ley del superviviente y Où est passé Tom?), Claudia Cardinale (El clan de los marselleses y Le Ruffian), Annie Girardot (Alias el gitano y Une robe noire pour un tueur), Joanna Shimkus (Tres aventureros y ¡Ho!) y Mimsy Farner (Dos hombres en la ciudad y el episodio televisivo La Louve).
En ese cine de amistad viril, de protagonistas únicos o en pareja con la excepción de la buddy movie con veterano y novata, Último domicilio conocido, brillaron a las órdenes de Giovanni cuatro actores que son un poco patrimonio de la humanidad cinematográfica francesa (Lino Ventura, Jean Gabin, Alain Delon y Jean-Paul Belmondo), tres que le son bastante propios al director (Rufus, Bruno Cremer y Claude Brasseur) y un último plenamente identificado con su cine (Michel Constantin). Giovanni siempre quiso trabajar con el quinto gran rostro del policíaco galo, Yves Montand, pero no lo consiguió. Las permutas fueron considerables y provechosas. Aunque Delon está tan identificado con la estilizada trilogía final de Jean-Pierre Melville (El silencio de un hombre, Círculo rojo y Crónica negra), Gabin era un veterano curtido en mil películas del realismo francés al gansterismo y Belmondo sería la imagen más visible de los inicios de la Nouvelle Vague, es indudable que Ventura (1919-1987), que trabajó con todo el mundo e hizo de todo, encontró en Giovanni no solo a un amigo personal; también al director y guionista que mejores papeles le concibió: los de Último domicilio conocido, Caza sin cuartel (donde no es ni gánster ni policía, sino, en un registro igual de taciturno, un mercenario vendido al mejor postor) y Le Ruffian, además de protagonizar también siete películas basadas en novelas de Giovanni o guionizadas por este (La ragazza in vetrina, A todo riesgo, Los rufianes, Hasta el último aliento, Red siniestra, Tres aventureros y El clan de los sicilianos). Los delincuentes desarraigados de A todo riesgo (Sautet) y Hasta el último aliento (Melville), y los policías más o menos obsesivos y escépticos de Último domicilio conocido y El clan de los sicilianos (Verneuil), forman parte activa del imaginario que todo fan del rudo Ventura tiene en su cabeza.
El clan de los sicilianos es el all stars del polar: el policía hosco (Ventura), el gánster veterano que quiere dar un último golpe para retirarse (Gabin) y el delincuente sin prejuicios presto a la acción, sea criminal o sexual (Delon). Los tres grandes juntos en un guion de Giovanni para una película que, en 1969, cerraba una época, la de la gran tradición del policíaco francés, para abrir otra de cierta internacionalidad. Gabin (1904-1976) repetiría con Giovanni, ahora como director, y con Delon en Dos hombres en la ciudad, un cara a cara contundente entre el presente y el pasado del género; es la antepenúltima interpretación de Gabin antes de su muerte.
Delon (1935-2004) se entendió más o menos bien con Giovanni, ya que le produciría e interpretaría otras dos películas, Alias el Gitano y La última esperanza, en las que el cineasta aceptó los gustos, manías e imposiciones de la estrella sin tener que renunciar a sus intereses. Delon buscó a Giovanni y no al revés. El trabajo con Belmondo (1933-2021) resultó más curioso ya que, además de protagonizar dos adaptaciones de sus novelas, A todo riesgo –donde congenió bien con Ventura mostrando su lado canalla– y ¡Ho! (Enrico), fue convencido por el cineasta para volver a encarnar en El clan de los marselleses al bribón simpático, leal y violento al que ya había dado vida una década antes en Un tal La Rocca, film realizado por Jean Becker, el hijo de Jacques. Cuando protagonizó el primero, en 1961, Belmondo estaba identificado con el nuevo cine. Cuando interpretó el segundo, en 1972, ya era, después del éxito de Borsalino –Belmondo vs. Delon–, el rostro más sonriente y el cuerpo más ágil del policíaco francés.
Michel Constantin (1924-2003) no alcanzó la consideración de estrella, pero resultó indispensable en el cine de Giovanni: su actor preferido tanto para personajes principales (La ley del superviviente, El clan de los marselleses) como secundarios (La evasión, Un tal La Rocca, Los rufianes, Hasta el último aliento, Último domicilio conocido). Por su físico y expresión, solo podía tener hechuras de hampón, aventurero o gánster. Encarnó al amigo por el que Belmondo vuelve a entrar en presidio en El clan de los marselleses y a uno de los reos que intenta escapar de otra cárcel en La evasión (Jacques Becker). Jean Becker se encargó de buscar a los actores del film de su padre. Así recordaba Giovanni el primer contacto con Constantin: “Jean era un gran deportista y buscó gente robusta. Rasgos potentes y mucho músculo. Así presentó a Michel Constantin (con el que jugaba al voleibol) y a Philippe Leroy-Beaulieu (capitán de un equipo de rugby y ex paracaidista). Constantin, ruso de origen kalmuko, tenía un rostro que espantaría a un oso y unos hombros sobre los que se podían dejar grandes sacos de harina”.
QUIM CASAS