El Grupo de Trabajo Interterritorial por la igualdad de género en el audiovisual (GTI), formado por AAMMA, AMMA, CIMA, Dona i Cinema, Dones Visuals, (H)emen y MIA, y el Observatorio de Igualdad de RTVE leyeron ayer ‘El manifiesto por un audiovisual español, plural y antirracista y colonial’, dentro de la jornada ‘¿Quién tiene derecho a imaginar? Por un audiovisual feminista, antirracista y decolonial’. Se dirigieron a las instituciones, productoras, plataformas, televisiones, festivales, escuelas, distribuidoras y, en definitiva, a todas aquellas estructuras que tienen capacidad para decidir quién cuenta, quién aparece y quién tiene acceso al poder dentro del audiovisual. “Y lo hacemos desde una convicción. La lucha contra la desigualdad racial es tan urgente como la lucha feminista por la igualdad”.
El feminismo ha enseñado a mirar de otra manera, pero afirman que “no todas las mujeres hemos avanzado de la misma manera”. Es por ello que apuntan la necesidad de aplicar la interseccionalidad como herramienta analítica para comprender cómo las diferentes formas de identidad social, como el origen étnico-racial, el género, la clase o la orientación sexual, se entrelazan y se superponen, creando sistemas complejos de discriminación y opresión únicos, que no pueden entenderse analizando cada factor por separado. “Por eso, hoy, necesitamos añadir las gafas antirracistas y anticoloniales. No para sustituir las gafas violetas, para hacerlas más precisas, porque una política feminista que no es antirracista reproduce desigualdades dentro del propio feminismo”.
Pusieron sobre la mesa datos. Como el informe ODA sobre la representación de la diversidad en la nación española, el cual ha registrado una presencia de personajes racializados muy inferior a la presencia real en la sociedad. Señalando, también, que la anecdótica representación se acota a marcos estereotipados. Por ello, enfatizan en la necesidad de políticas y compromisos institucionales. Ya que, apuntan, el problema no es sólo quien aparece, sino quien decide. “Queremos que cambien las condiciones que determinan quién entra, quién permanece, quién asciende y quién decide. Porque una industria puede haber avanzado en igualdad de género y continuar siendo profundamente desigual en términos raciales. Y eso es lo que está ocurriendo”.
Lo que plantean ya lo están aplicando otros sistemas audiovisuales como el Reino Unido que a través de BAME ha incorporado estándares de diversidad vinculados a la financiación pública; o Francia, que cuenta con mecanismos específicos, como los fondos de imagen entre diversidad, y con un organismo regulador, Arcom, que monitoriza la representación de la diversidad en los medios. “La pregunta es: ¿por qué España todavía no ha asumido esta tarea con la misma ambición y carácter estructural?”.
Exigen datos. En concreto, que las instituciones midan y publiquen periódicamente la representación étnico-racial delante y detrás de la cámara, incluyendo los puestos de poder. Pero también subrayan la necesidad de cambiar de referencias, de relatos, de archivos, genealogías y mecanismos de legitimación. “Esta continuación del feminismo antirracista y decolonial consiste en cuestionar quién ha tenido históricamente el poder de representar al otro. Necesitamos reconocer que existen otras formas de mirar, de contar y de producir conocimiento”.
Afirman que los derechos que las mujeres exigieron no se exigieron ni se aplicaron igual para todas. “No vamos a aceptar que la igualdad de unas mujeres se construya sobre la invisibilidad de otras. Por un audiovisual feminista, por un audiovisual antirracista, por un audiovisual decolonial, por una igualdad que nos incluya a todes”.
NAIA ARANTZAMENDI