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Diario del Festival » DÍA DEL CINE VASCO
Cuarenta años después
AMALUR SARIA
Jueves, 25 de septiembre de 2008

La celebración del cuarenta aniversario del estreno de Ama Lur ha venido a coincidir con el centenario del nacimiento de Jorge Oteiza, cuya colaboración en la película de Néstor Basterretxea y Fernando Larruquert fue tan innegable como su influencia en el despertar de los movimientos artísticos de la época en Euskal Herria. Aquella histórica presentación de Ama Lur al público tuvo lugar en el marco del Zinemaldia donostiarra, que entonces no era en septiembre, sino en el mes de julio. En la proyección del 10 de julio de 1968, el ya desaparecido cine Astoria estaba abarrotado con gente hasta en los pasillos. La expectación era mucha porque existía el temor de que los rollos fueran secuestrados o que la sesión no diera inicio, a la vez que los rumores sobre los cortes de la censura se habían extendido. Incluso una vez visto el montaje definitivo las especulaciones seguían, debido a que en el imaginario popular había surgido ya otra versión, la que correspondería al original no sometido a las imposiciones de las autoridades franquistas. El fundido final a negro, a los sones del “Agur Jaunak”, fue coreado con emoción por los privilegiados asistentes, y algunos hasta creyeron ver las imágenes robadas del Árbol de Gernika nevado en medio del oscuro invierno de la dictadura.

Ama Lur es un hito de nuestra cinematografía que lleva prendidas a sus imágenes las reacciones de sorpresa del primer visionado, sin que la distancia del tiempo distorsione esa perspectiva de extrañeza permanente. Desde su mismo nacimiento no fue un documental al uso, debido a que el plan de rodaje estaba destinado a obtener el preceptivo permiso legal, pero la creación que iba a salir de la sala de montaje era muy otra. Se trataba de articular un lenguaje fílmico con una identidad cultural diferenciada, buscando un paralelismo con la tradición oral en euskara de las “Kopla Zaharrak”, según la técnica del bertsolarismo que ordena las ideas de atrás hacia delante. El consiguiente impacto visual fue una opción arriesgada e innovadora en unos tiempos en los que no se podía ir más allá de las manifestaciones meramente folkloristas, aunque vista ahora resultaba consecuente, al nacer de un proyecto totalmente revolucionario en su financiación. Ama Lur supuso un ejemplo organizativo para el desarrollo del país, con su sistema de suscripción popular a través de pequeñas acciones. El homenaje a Basterretxea y Larruquert hay que hacerlo también extensivo a figuras como la de Andoni Esparza y tantos otros, que participaron en un empeño colectivo sin precedentes.
Mikel INSAUSTI

 

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