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Estás en: Portada > 56 Edición 2008  > Diario del Festival > Una historia susurrada al oído
Diario del Festival » ZABALTEGI - PERLAS
Una historia susurrada al oído
LAKE TAHOE
Jueves, 25 de septiembre de 2008

Es al terminar cuando uno em­pieza a darse cuenta de que aca­ba de ver una película muy nota­ble, de ésas que dejan huella y marcan. Quizá sea por eso por lo que, a pesar de sus diferencias, Lake Tahoe me ha hecho recor­dar las sensaciones de hace ca­si un cuarto de siglo, tras haber asistido a la proyección de Stranger than Paradise, de Jim Jarmusch.

Aquí también hay un coche, un coche accidentado, y un pro­tagonista que busca un mecáni­co y quiere huir de algo en un mundo hasta cierto punto absur­do y al mismo tiempo con un atractivo especial, un mundo de pocas palabras, de gestos que en el fondo tienen su importan­cia, de connotaciones. No hay nada demasiado explícito en es­ta película de Fernando Eimbcke, y eso le aporta gran parte de su especial encanto. Parece que el director está susurrando algo al oído del espectador a través de unos personajes extraños, nada arquetípicos, todos ellos con un punto de indolencia, con unos gramos de locura, algo, por otra parte, nada extraño en el am­biente en que se mueven.

Siguiendo a Juan en su in­tento de arreglar el coche, el es­pectador empieza a entender algo de lo que le ha pasado, su deseo de dejar atrás la muerte de un ser querido, y en esa hui­da va construyendo una serie de relaciones con otras personas, que se van sumando a su mun­do. En la sugerente y extraña at­mósfera que va creando el di­rector hay también lugar para un humor algo surrealista. To­dos los personajes que apare­cen en Lake Tahoe, el mecáni­co, la dependienta de la tienda de recambios, el chaval obsesio­nado con Bruce Lee, el herma­no pequeño del protagonista, tienen a la vez algo de tristes y un punto de comicidad, y quizá sea eso mismo lo que los hace tan reales.

Lake Tahoe es una auténtica joya, por la historia que cuenta o, mejor dicho, deja entrever, por sus personajes y las situaciones que viven, pero sería una injusticia de­jar sin destacar el acierto de la localización de exteriores. Los luga­res en los que se mueven estos personajes tienen algo especial y los vemos como en sueños, co­mo lugares que no llegaran a ser del todo reales, como ese lago Ta­hoe que el protagonista lleva pe­gado en un cristal del coche, co­mo todos esos lugares que sabe­mos que existen en alguna parte pero sólo se nos aparecen en sueños.
M.B.

 

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