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Estás en: Portada > 57 Edición 2009  > Diario del Festival > La angustia de la búsqueda tras la matanza
Diario del Festival » ZABALTEGI
La angustia de la búsqueda tras la matanza
Perlas. London River
Viernes, 25 de septiembre de 2009

En todos los festivales de cine del mundo se ven cada año películas de todo tipo, algunas buenas, otras menos buenas y bastantes malas, que los críticos intentan diseccionar con mejor o peor fortuna. Dentro de las buenas las hay que tienen una excelente factura pero se quedan ahí, y sólo unas pocas logran emocionar. Éste es el caso de London River, un filme en apariencia pequeño y simple, pero que consigue transmitir toda la emoción y la angustia de la búsqueda de un familiar que puede haber sido víctima de un atentado indiscriminado, y lo hace sin aspavientos, sin exageraciones, contando lo justo y tocando la vena sensible sólo cuando es necesario.

Londres, 7 de julio de 2005, día de San Fermín. Varios artefactos explotan en el metro y en autobuses urbanos de Londres. Una masacre, como la causada poco más de un año antes en Madrid. Una madre llama a su hija por teléfono una y otra vez sin obtener respuesta, en vista de lo cual decide abandonar su granja en una pequeña isla inglesa para buscar a su ser querido. Al mismo tiempo, un africano musulmán reza en su camino a la capital inglesa, en imágenes que se van mezclando con las de los informativos. La madre, protestante practicante y viuda de un militar católico inglés fallecido en las Malvinas,se hace cruces al llegar al domicilio de su hija en un barrio con población mayoritariamente árabe.No hay nadie en la casa, y el nivel de angustia empieza a aumentar. El hombre africano también comienza la búsqueda de su hijo en una mezquita. Al final sus caminos coinciden en el mismo punto: la inglesa y el africano eran pareja, vivían juntos y estaban aprendiendo árabe. Al principio hay desconfianza, incomprensión, racismo incluso, pero la certeza de que sus hijos se querían hace posible el acercamiento.

Asistimos durante toda la película a las distintas fases de una búsqueda angustiosa, a la esperanza de creer que los seres queridos están sanos y salvos, a la decepción y al hundimiento definitivo, al desastre. Vemos a estos padres desesperados y volvemos a reflexionar sobre la putada de que alguien mate a decenas o centenares de personas de las que no sabe nada, porque sí, porque ha alucinado con algún dios y sus supuestos mandamientos.

M.B.

 

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