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Diario del Festival » GEORGES FRANJU
La princesa, el joven y la guerra
THOMAS L’IMPOSTEUR
Lunes, 24 de septiembre de 2012

Entre las adaptaciones literarias que emprendió Franju, la de Thomas l’imposteur (1965), según la novela de Jean Cocteau, es especialmente reveladora de la capacidad del cineasta para moverse con naturalidad entre campos contrapuestos. La adaptación es
fiel a la novela (hasta el punto de que recoge algunos fragmentos del texto en la voz en off que sirve de hilo conductor) y al mismo tiempo contiene muchos de los elementos distintivos de Franju: la mezcla de documental y poesía, la fusión de ensoñación y realidad, las imágenes chocantes o enigmáticas. Además, como proclama del horror de la guerra, funciona tanto a modo de muestrario directo e impactante de los horrores físicos y morales como en la búsqueda de un lirismo melancólico sobre vidas truncadas y sueños rotos. Thomas l’imposteur es una representación que muestra la tramoya y los límites del escenario (esas ventanas que ejercen de espacio alternativo con una segunda acción) y una mirada directa y por momentos casi documental al trauma de la guerra.

Jean Cocteau, impresionado por Hôtel des Invalides (1951), quiso que Franju llevara por primera vez su texto al cine, y le dijo: “Te doy a Thomas, quiero ser traicionado por ti”. Cocteau no llegó a ver la película, murió poco antes de comenzar el rodaje, pero probablemente le hubiera gustado la armónica fusión de dos personalidades tan fuertes:
una positiva forma de traición.

La película es, por un lado, un catálogo de fascinaciones no consumadas. La princesa que no duda en poner sus lujos al servicio de los heridos de guerra en la Francia ocupada de la Segunda Guerra Mundial, y que se implica personalmente en las campañas de atención a los soldados en el campo de batalla, es deseada por el director de un poderoso periódico. Pero ella siente una extraña fascinación por ese joven Thomas que dice ser sobrino de un ilustre coronel, quien a su vez cae enamorado de la hija de la princesa. Esta cadena de esperanzas y deseos choca frontalmente con la urgencia de la guerra y la necesidad de sobrevivir y defenderse en un mundo que se desmorona literalmente: las secuencias en que Thomas y la princesa vagan entre ruinas ardientes, fantasmagóricos edificios abiertos en canal chocan, por su realismo, con las continuas alusiones al teatro y la elegancia formal de la princesa, como ya en Le Sang des bêtes saltaban chispas emocionales entre el horror del matadero y la belleza arquitectónica de su entorno. No falta una minúscula alusión a Fantômas y, sobre todo, imágenes tan impactantes como la del caballo galopando con la crin ardiente. Thomas, mentiroso e impostor, funde su ficción con su realidad, en un terreno perfecto para que Franju ofrezca una de las mejores muestras de su insólito y sugerente estilo.

R.A.

 

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