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El aburrimiento de la vida
CORES
Viernes, 28 de Septiembre de 2012

Estamos en el Brasil moderno de Lula. La televisión repite machaconamente que todo va mejor, que los tiempos malos ya pasaron, que el progreso está aquí. Que hay que tener confianza, ser ambiciosos. Que no hay miedo al futuro, al contrario. Tres jóvenes de Sao Paulo, sin embargo, no alcanzan a vislumbrar la realidad de ese repentino optimismo. Para ellos, nada ha cambiado. Es el mismo tedio de siempre, la misma monotonía continua e infinita, la sensación eterna de que esa lluvia que moja todo, esa oscuridad que llena todas las noches, ese aburrimiento mortal, seguirá ahí mañana, y, sobre todo, el convencimiento de que no se puede hacer nada para que algo cambie. “Tengo más miedo de la vida que de la muerte” dice uno de ellos, un tatuador que vive encerrado con su abuela en un bajo que le sirve de taller y que comparten con una enorme tortuga que de vez en cuando se da la vuelta y se siente desamparada.

Sus compañeros de ese viaje a ningún sitio que narra la película de Francisco García son una pareja que vive con una enorme melancolía la falta de futuro y la sensación de inseguridad que eso les produce. Ella atiende una tienda de peces de acuario donde no entra nadie, y él trabaja en una farmacia mientras trapichea con drogas que le acarrean problemas con los traficantes del barrio. El dueño de la farmacia le amenaza una y otra vez a causa de sus negocios con las medicinas, mientras le explota con un mísero sueldo. Mientras esperan nada, tragan cervezas una detrás de otra, y fuman cigarros liados en el enorme escaparate que es la terraza que da al aeropuerto de la ciudad.

Un piloto de avión que colecciona peces de colores tienta una y otra vez a la chica a irse con él, a viajar y conocer mundo,a salir de su existencia sin futuro. “La vida es demasiado grande para que la vivas en un aquarium”, le dice. “¿Te gusta la Polaroid?”. “Me encanta”, responde ella.

Pero todo es en blanco y negro. Todo es lánguido, aburrido, tedioso, monocolor y plano. “Mira a nuestro alrededor” les dice el tatuador a sus dos amigos, tumbados en el suelo. “Nadie está bien”. La televisión oficial repite, una y otra vez, machaconamente: “el progreso está aquí, ahora todo irá mejor”. Ellos siguen bebiendo cerveza y fumando mirando a las goteras que caen del techo y que mojan todo de una soporífera quietud.

A.B.

 

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