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Estás en: Portada > 62 Edición 2014  > Diario del Festival > Volando con Katharine Hepburn
Diario del Festival » DOROTHY ARZNER
Volando con Katharine Hepburn
Hacia las alturas
Domingo, 21 de septiembre de 2014

Resulta extraño que el título original de la película que, en el año 1933, significó el encuentro entre Dorothy Arzner y Katharine Hepburn sea Christopher Strong. El título hace referencia al personaje del político casado y conservador que, interpretado por Colin Clive, se enamora inesperadamente (en contra de su exaltación moralista de la fidelidad matrimonial para proceder a una vida ordenada) de una aviadora intrépida que hasta ese momento no se interesaba por los hombres para vivir concentrada en volar “Hacia las alturas”, por citar el título español. Resulta extraño porque la protagonista femenina ocupa el centro de una película dirigida por una mujer y escrita por otra, Zoë Akims. Pero debe añadirse que esas tres mujeres fueron reunidas por un hombre (ni más ni menos que David O. Selznick, entonces jefe de producción de la RKO) quien, mediante el título original, quizá quiso marcar su dominante huella masculina. Sin embargo, aunque Selznick mandara, las tres mujeres se reunieron en la casa de Akims para discutir sobre el guion. Lo cuenta Anne Edwards en su biografía sobre Hepburn, aunque para afirmar que no congeniaron mucho y que luego, durante el rodaje, la actriz y Arzner mantuvieron una relación fría, distante y competitiva.

Teniendo como referente a la célebre aviadora Amelia Eckhart, que entonces había establecido marcas de altura y que cuatro años más tarde de la realización del filme desapareció para siempre en el Océano Pacífico mientras intentaba el primer vuelo alrededor del mundo sobre la linea ecuatorial, Lady Cynthia Darrington es un personaje del cual se diría destinado a Katharine Hepburn. Esta no hacía mucho que había aterrizado en Hollywood, donde solo había interpretado A Bill of Divorcement (Doble sacrificio, 1932) bajo la dirección de George Cukor, pero ya se distinguía por actuar como una mujer independiente, mantenerse ajena a convenciones y sumisiones hollywoodienses y cultivar una cierta imagen andrógina. El caso es que, aunque también lleve vestidos femeninos y hasta uno muy extravagante con el que parece un insecto, le sienta muy bien a Hepburn el traje de aviadora de Cynthia Darrington, una mujer libre e independiente hasta que, ay, encuentra a Christopher Strong.

El filme empieza literalmente como un juego, pero deviene un melodrama cuando emerge y se consuma un amor adúltero vivido culpablemente. Sin embargo, no existe un punto de vista condenatorio del adulterio y, siendo la protagonista el personaje con el cual simpatizar, se evita que la amante sea una mujer fatal. Tampoco la esposa es una malvada. Ahí se esboza una mirada femenina, que también asoma en la cierta complejidad con la que se abordan los sentimientos, la resistencia a ellos, el dolor que acarrean, el peso moral que los culpabiliza. Tampoco debe ser gratuito que quien se sacrifica por ese amor imposible sea la mujer. Los hombres, sobre todo si tienen un lugar bien asentado en el mundo, continúan con su matrimonio, su carrera, su vida, aunque sea sin pasión. Imma Merino

 

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