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Trueno de agua
CHASING NIAGARA
Lunes, 21 de Septiembre de 2015

Un ruido ensordecedor. Un ruido equivalente a mil truenos sonando al unísono. Un ruido que asusta y que te taladra el cerebro. El que producen 2.800 litros de agua cayendo por segundo al vacío desde 51 metros de altura. Es la música de las cataratas del Niágara, “trueno de agua” en iroqués, así bautizó la tribu nativa de los Grandes Lagos a este impresionante salto de agua de casi un kilómetro de anchura, frontera natural entre Canadá y Estados Unidos.

En ese horizonte de espuma se intuye una pequeña mancha. Un hombre y su kayak se acercan al labio de la cascada. Apenas 70 frágiles kilos de plástico, carne, huesos, adrenalina y miedo… porque enfrentarse a las míticas cataratas del Niágara da miedo, sobre todo si has visto las imágenes de otros osados cayendo al vacío y ser literalmente engullidos por ellas. En cambio, otros sobrevivieron a ese gran salto, y ese mínimo porcentaje de éxito, ya sea producto de la suerte o arte de magia, es el que ha llevado al mexicano Rafa Ortiz, uno de los mejores piragüistas de kayak extremo del mundo, a intentar cumplir el sueño que lleva persiguiendo desde que a los doce años contemplara por primera vez este fenómeno de la Naturaleza: descenderla y salir vivo de las fauces de un monstruo que escupe espuma, remolinos, sifones y todos los demonios acuáticos imaginables, y que puede partirte literalmente en dos al aterrizar sobre él.

Las del Niágara no son las cascadas más altas del mundo, pero sí las más difíciles por el volumen de agua. El desafío técnico se complica con el logístico: es ilegal descenderlas, así que tanto el estudio previo como el apoyo tras el salto se tienen que hacer a escondidas, huyendo de las autoridades. Cuando uno ve a estos coleccionistas de retos a priori imposibles puede pensar que están locos, pero no, detrás de un reto de tal magnitud, hay un equipo de físicos calculando ángulos de caída, pesos, volúmenes y juegos de fuerzas para minimizar el riesgo. Chasing Niagara es una aventura que llevó a Rafa y a un equipo de élite de kayakers extremos (Rush Sturges, director de la película, y Gerd Serrasolses entre ellos) tres años de entrenamiento y de convivencia. Todo un viaje deportivo y personal siguiendo el curso del río. La proa del kayak se asoma al abismo y cae en picado despareciendo entre la cortina de agua, y en unos interminables segundos sabremos si Rafa ha conseguido marcar un nuevo hito en el deporte del kayak y cumplir su sueño.

Elena Moro

 

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