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Sirvientes vivientes
MISS ZOMBIE
Martes, 22 de Septiembre de 2015

El punto de partida de Miss Zombie (2013), penúltima película de un inclasificable director surgido a mediados de los noventa, Hiroyuki Tanaka, más conocido como Sabu, sintoniza muy bien con las últimas revisiones sobre el temario de los muertos vivientes llevadas a cabo en el ámbito anglosajón, sea en cine o en televisión.

El arranque argumental es sin duda muy sugerente. En el Japón de un futuro no muy lejano, los zombis se han convertido en criaturas domesticadas que hacen de mascotas o de sirvientes. La película empieza con la compra de un zombi por parte de una familia burguesa: la criatura llega a la casa dentro de una jaula perfectamente embalada y con un libro de instrucciones.

Los muertos vivientes ya no son una amenaza, sino que se han convertido en un negocio. La muchacha pasa las horas fregando maquinalmente el suelo del patio de la casa (el ruido monocorde del cepillo sobre la piedra se convierte en el inquietante leit motiv sonoro del filme), contemplando una fotografía de ella embarazada antes de convertirse en zombi y remendándose los cortes de su carne descompuesta con hilo y aguja.

El zombi como víctima, nunca como agresor, en la tradición de los nuevos tiempos: es violada por los dos operarios de la casa y apedreada por los niños en la calle, el marido la toma como amante (la fascinación y el deseo de lo anómalo, pero también la violencia de lo que puede poseerse fácilmente) y la esposa deberá recurrir a ella para salvar la vida de su hijo.

Miss Zombie es tanto una recreación del cine de terror como una parábola social en la que el muerto viviente se convierte en víctima por igual de la alta burguesía (la familia rica) como de la clase trabajadora (los operarios violadores). Lo segundo resulta evidente, pero Sabu lo muestra con misteriosa sutileza, como si se tratara de un relato sobre ángeles caídos que cuestionan el orden establecido con su sola y progresivamente incómoda presencia.

Lo primero, la recreación del terror modalidad muertos vivientes, no tiene nada de manierista. Sabu ha escogido el blanco y negro –repleto de claroscuros– quizá como deferencia a la primera película sobre el tema de George A. Romero, La noche de los muertos vivientes, pero en su tratamiento de la luz y el espacio, en la parsimoniosa y doliente forma de andar del zombi lacerado, en las imágenes de raíz fantasmagórica que se ven desde las ventanas de la casa, Miss Zombie guarda también relación plástica con los dos clásicos puros del género, La legión de los hombres sin alma, de Victor Halperin, y I Walked with a Zombie, de Jacques Tourneur.

Quim Casas

 

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