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Agotados de esperar el fin
AKARUI MIRAI / BRIGHT FUTURE
Miércoles, 23 de Septiembre de 2015

En una de las primeras escenas de Bright Future, el patrón de los jóvenes en la factoría en que trabajan les confiesa que le hubiera gustado que le conocieran cuando tuvo su edad, siendo veinteañero. Era alguien diferente, les dice, tenía agallas, todos las teníamos. unque ahora pueda sonar ridículo teníamos metas. Y el discurso se le extravía en ese punto orque el hombre, que los cincuenta ya no los cumple, no sabe ni lo que estaba diciendo. No e cuerda, “ni siquiera era importante entonces”, añade. “Supongo que eso es lo que significa ser oven.” Y a continuación procede a mirar el ping-pong en la tele.

El cine independiente japonés podría dividirse según dos tipologías de cineastas: los que tienden al jolgorio y los de talante intenso. Kiyoshi Kurosawa, que pertenece al rango esimista de la segunda categoría, firmaba esta película en su momento de mayor econocimiento internacional, que le había llegado con thrillers afines a lo fantástico como Cure 1997), Charisma (1999) o Pulse (2001), estimulantes anomalías de aspiración filosófica que rillaban con luz propia y paranormal en un contexto donde el terror comercial empezaba a apitalizar la escena. Era el momento de The Ring/ Ringu (Hideo Nakata, 1998).

Aunque Bright Future hace lírica costumbrista en torno a una juventud desorientada en las nercias patológicas de la sociedad, late en ella un recuerdo de ciencia ficción. Se detecta en el paisajismo de un Tokio algo despojado de sí mismo por los colores neutros del vídeo, en a presencia esotérica de esa medusa alegórica que envenenará el destino de la ciudad o enlos monos de operarios que visten los protagonistas, dispuestos a encarar la misión rosaica ue son sus vidas. Bright Future tiene algo de ciencia ficción entendida, más que como rospección especulativa, como recuerdo y como pacotilla, ciencia ficción tal y como aplicaría el érmino una abuela para descalificar lo que no puede ser.

En otra escena significativa, el protagonista, que adora dormir porque es en el ámbito onírico donde vive con intensidad y elude la monotonía del presente, se sueña afrontando un iento huracanado y feroz, caminando contra la resistencia de un destino del que no se vislumbra más que una oscuridad cerrada. Kurosawa, que a principios de siglo ya contaba más e einte títulos en su filmografía, decía no sentirse libre en el seno de la moral japonesa, por eso quí echaba a andar sus personajes hacia la conquista de un futuro impenetrable.

Rubén Lardín

 

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