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TERAPIA GEOPOLÍTICA
LA CORDILLERA
Martes, 26 de Septiembre de 2017

Podría ser una suerte de House of Cards en la cordillera andina, cierto, pero la película de  Santiago Mitre, más allá de la diferencia en la utilización del tiempo narrativo entre un film y  una serie de televisión, propone cosas distintas a las de las intrigas intestinas en el  mundo de la política, tan populares últimamente en la ficción catódica. La cordillera mezcla un relato de geopolítica latinoamericana con un drama paterno-filial e hipnoterapia  fantástica. Curiosa mezcla, pero funciona bien. Ricardo Darín encarna al presidente de  Argentina. Buena parte de la opinión pública duda de sus prestaciones al mando del país. De hecho, un periodista mediático lo ha definido como el hombre invisible. Ahora debe   lidiar con los presidentes de Brasil, México, Chile o Venezuela en una cumbre para establecer un frente común en el delicado tema del consumo y exportación del petróleo, una OPEP latinoamericana.

El personaje de Darín es el centro de atención, pero no todo gira exclusivamente alrededor suyo. Hasta cierto punto, La cordillera es una película coral con la que Mitre varia de estilo en relación a El estudiante o Paulina, esta última ganadora del Premio Horizontes Latinos en  Zinemaldia 2015. El presidente de México intriga para establecer alianzas. El de Brasil es una auténtica estrella. La asistente personal del presidente argentino (Érica Rivas) intenta  conciliar todos los intereses. Una periodista  española que cubre la cumbre (Elena Anaya) busca información donde no la hay. Y la hija del protagonista (Dolores Fonzi) aparece en el hotel andino donde se celebra el encuentro, entra en crisis, deja de hablar y es sometida a  una sesión de hipnoterapita, en la que recuerda como  experiencias vividas situaciones acontecidas mucho antes de nacer. Recuerdos imposibles o la invención de una nueva  existencia.

Muchos interrogantes abiertos, tanto los políticos como los personales. Muchos  personajes con entidad servidos por un star system latinoamericano encabezado por Darín, un Premio Donostia que hoy desciende desde la cordillera andina.

QUIM CASAS


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