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UNA ESTRELLA INCONFORMISTA Y VALIENTE
PREMIO DONOSTIA
Miércoles, 27 de Septiembre de 2017

Comenzó compaginando sus estudios de derecho con su carrera de modelo, llegando a firmar por la prestigiosa agencia Elite Model y protagonizar distintas campañas con firmas del más alto prestigio. Es entonces, en 1990, cuando Dino Risi le dio su primera oportunidad en las pantallas (Vita con figli). A partir de ahí, paso a paso, Mónica Bellucci fue despojándose de la etiqueta de modelo hasta llegar a convertirse en la actriz transalpina más célebre de su generación, siguiendo los pasos que había dado años antes la también explosiva italiana Sofía Loren.

Ese sería el resumen rápido de esta mujer nacida en Città di Castello (Perugia) el 30 de septiembre de 1964. Pero, mirando con más detenimiento, podemos observar una carrera internacional que combina en la misma medida participaciones en cine de autor y presencia en grandes producciones de Hollywood. Una filmografía que refleja el carácter inconformista e inquieto que escapa de los clichés de una mujer que no reniega de su pasado ni se conforma con el presente, y afirma que “el cine ofrece un campo de trabajo suficientemente vasto como para limita me a desempeñar el papel estereotipado de una italiana en América. Quiero experimentar, abrirme a todas las opciones”.

Aunque había aparecido en una película tan importante como Drácula (1992) de Francis Ford Coppola y obtenido una nominación al César como mejor actriz promesa por L’appartement (1998), su primer gran éxito sería en Malèna (2000) de Giuseppe Tornatore. Aunque a ella le gusta recordar su participación en A los que aman (1998) de Isabel Coixet como punto clave de su carrera, el momento de inflexión en el que empezó a sentirse y a ser vista por los demás como una auténtica actriz.

El siglo XX se despidió con la explosión de la actriz italiana y el siglo XXI comenzó mostrando que su carrera no tenía límites. Grandes producciones francesas como El pacto de los lobos (2001) o Astérix y Obélix (2002), superproducciones de Hollywood como Matrix Reloaded y Matrix Revolutions (2003), directores americanos de prestigio como Antoine Fuqua en Lágrimas del sol (2003) y también cine de autor radical y arriesgado como aquel Irreversible con el que Gaspar Noé revolucionó Cannes en 2002.

Así han pasado casi tres décadas y Monica Bellucci sigue sin bajar de su estatus de estrella y de actriz valiente. Le hemos visto en papeles tan antagónicos como el de mujer Bond (ella prefiere ese calificativo que el de Chica Bond) o María Magdalena en La Pasión de Cristo (2004) de Mel Gibson; rodar con directores tan distintos como el norteamericano Terry Gilliam en El secreto de los hermanos Grimm (2005) o el francés Philippe Garrel en Un verano ardiente (2011); protagonizar películas que apenas salen del circuito de Festivales como Fasle kargadan (2012) de Bahman Ghobadi y En la vía láctea de Emir Kusturica; o aparecer en series de televisión tan sugestivos como Twin Peaks o Mozart in the Jungle.
 
Una interesante carrera de la que, está claro, aún quedan muchas líneas por escribir.
 
RICARDO FERNÁNDEZ
 

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