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UN BARRIO MARGINAL, UN AMOR DIFERENTE
Jueves, 28 de Septiembre de 2017

Antes de este Soldaţii. Poveste din Ferentari / Soldiers. Story from Ferentari, su primer  largometraje de ficción, la directora Ivana Mladenovic ya había reflejado desde el documental realidades de barrios marginales en Rumanía. Por eso, esta película, que además alude  desde el título al barrio romaní de Ferentari, en la periferia de Bucarest, pudiera interpretarse como una prolongación de esa preocupación.

Sin embargo, lo que efectivamente comienza siendo un retrato social de un barrio mayoritariamente poblado por personas marginales y excluidas, se transforma enseguida en algo diferente. “No es una historia sobre el gueto, tampoco sobre la cultura musical del  manele. Es otra cosa. Al final es una historia de amor, y hacia ahí he querido llevar la película”, aclara Mladenovic.

Adi (interpretado por el propio Adrian Schiop, guionista que parte de hechos autobiográficos)  se instala en el barrio de Ferentari con el objeto de investigar sobre la música pop en la comunidad romaní. Allí se mezcla con una población residente mayoritariamente instalada en la pobreza, aunque él mismo vive también de forma absolutamente precaria. Y termina  entablando una particular relación con Alberto, un expresidario que se encuentra prácticamente en la indigencia. Es esa relación la que termina apoderándose de una  narración que tiene a Ferentari como telón de fondo.

Con formas documentales, se muestra la evolución de un amor diferente, no sólo por su  naturaleza homosexual en un contexto poco favorable, también por un vínculo entre los personajes que parece empezar de forma interesada, pero que descubre muchos más  matices de carácter también sexual y afectivo.

El estilo documental es una apuesta por parte de la directora que resulta fundamental para entender sus intenciones. La narración se muestra muy atenta a la cotidianeidad de los personajes, a pequeños gestos, a situaciones completamente naturales que la directora busca registrar, permitiendo en ocasiones cierta espontaneidad y libertad de movimientos de los actores y atenta a la vida real del barrio.

La productora Ada Solomon reconocía que los temas tratados en esta película  seguramente resultarán escandalosos en Rumanía. Desde luego por el acercamiento a la homosexualidad en un país que todavía no tiene una actitud normalizada y de visibilidad hacia esta cuestión. Y en segundo lugar, porque es consciente de que mostrar la pobreza y la marginalidad en determinados contextos de Rumanía a muchos no les va a gustar.

Sin embargo, a la directora le parece muy valioso mostrar esa realidad. “Es un barrio con vida”, dice. “Es cierto que allí encontramos prostitución, drogas y mafias, pero también hay una cultura interesante”. Schipo y Mladenovic lo conocen. El primero porque vivió personalmente parte de los hechos que cuentan, y la segunda porque para la realización  de esta película empleó mucho tiempo en el barrio trabajando con colectivos de prevención del SIDA y relacionándose con las personas que allí viven.

GONZALO GARCÍA CHASCO

 

La joven directora Ivana Mladenovic en el centro, seguida del equipo de la película.
La joven directora Ivana Mladenovic en el centro, seguida del equipo de la película.

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