Patrocinador
Oficial
Media
Partner

cerrar
Rellena este formulario con tus datos para acceder a los contenidos reservados a usuarios registrados.
Pincha aquí
¿No recuerdas tu contraseña? Pincha aquí

cerrar


Aún no has validado tu email. Te hemos enviado un correo electrónico, debes pinchar el enlace adjunto para validar su cuenta.

Estás en: Portada > 65 Edición 2017  > Diario del Festival > LUZ EN MEDIO DE LA OSCURIDAD
Diario del Festival » GRAN PREMIO FIPRESCI
LUZ EN MEDIO DE LA OSCURIDAD
Viernes, 22 de septiembre de 2017

El rostro del pequeño protagonista se Le Havre aparecía entre las tinieblas de un contenedor de transporte marítimo. Como él, Khaled, el migrante que centra El otro lado de la esperanza, también emerge al principio de la película en medio de la oscuridad de un puerto europeo,en este caso el de Helsinki, al que llega escondido entre una cargamento de carbón. La segunda película que Aki Kaurismäki dedica a los refugiados entrelaza dos trayectorias, la de este sirio que ha huido de su país en guerra y la de Wikström, un comercial autóctono que se encuentra en proceso de rehacer su vida. En una estructura que remite a El dinero de Robert Bresson, la introducción de ambos personajes en un nuevo contexto se produce a partir de una serie de intercambios que implican desde monedas a favores. A partir de este esquema básico, Kaurismäki traza las bases de una estructura social que no se construye (solo) a partir del beneficio sino también del compañerismo y del apoyo mutuo. Y como también sucedía en el film anterior, el principal acopio de dinero que lleva a cabo Wikström es a través de un procedimiento no comercial, aquí una insólita partida de póker. Cuando por fin coinciden, los dos protagonistas también sellan su relación con un intercambio; de puñetazos. A la manera de John Ford.

El otro lado de la esperanza contiene todos los elementos habituales del imaginario del cine de Kaurismäki: los bares de toda la vida, el rock añejo, los secundarios de comicidad seca, la ternura nunca explicitada, los encuadres metonímicos, esa paleta de colores pastel de Timo Salminen que ilumina un mundo resistente a la posmodernidad y a los estragos de la sociedad de consumo... Todo ello bañado de nuevo por ese humor más cálido que preside sus últimas películas. Pero, lejos de apoltronarse en su propio universo, Kaurismäki introduce una serie de peculiaridades y variaciones de acuerdo con el tema que trata. Amante de los personajes lacónicos, aquí el finlandés deja que Khaled se extienda, como ningún otro protagonista suyo había hecho antes, cuando narra su experiencia como refugiado. En lugar de atribuirse el privilegio de hablar en su nombre, el cineasta da la voz al muchacho sirio para que se explique él en primera persona. Y para que nosotros le escuchemos.

Si Le Havre apelaba a una solidaridad entre clases populares que aquí no deja de estar presente, El otro lado de la esperanza apela además a la responsabilidad de instituciones y gobiernos que deben acoger a estos refugiados en busca de asilo en Europa. El film traza el proceso burocrático al que debe someterse el protagonista para conseguir quedarse en Finlandia y sus intentos de reagruparse con su hermana. Kaurismäki incluso introduce un comentario sobre la violencia de una ultraderecha que recobra fuerza en nuestros países. Así, sin perder su esencia, el director de La chica de la fábrica de cerillas conecta en cada nueva película un poco más con las realidades cotidianas de los desclasados de nuestro tiempo. Ganadora del Grand Prix FIPRESCI 2017, El otro lado de la esperanza convierte su política de confianza en el ser humanoen un acto de luminosa resistencia en estos tiempos oscuros.

EULÀLIA IGLESIAS

 

Patrocinador Oficial
Media Partner
Colaboradores Oficiales:
Instituciones Socias:
© Donostia Zinemaldia | Desarrollado por: Yo Miento Producciones
Esta web utiliza cookies propias y externas para ofrecerte una mejor experiencia como usuario. Más información Aceptar