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Los chicos buenos también se drogan
Beautiful Boy (Estados Unidos)
Martes, 25 de Septiembre de 2018

Beautiful Boy, la primera película en inglés del belga Felix Van Groeningen (muy conocido por el éxito de Alabama Monroe), se adentra en el sensible tema de la adicción a las drogas. Y lo hace basándose en la historia real de David y Nic Sheff, padre e hijo, que trasladaron su experiencia a un libro de memorias convertido en best-seller. En la pantalla son encarnados por dos actores del prestigio de Steve Carell y Timothée Chalamet, nominado este mismo año al Oscar como mejor actor protagonista por su recordado trabajo en Call Me by Your Name. Chalamet lleva varios días en Donostia y ayer estuvo junto al director presentando el film que opta a la Concha de Oro.

“La adicción no tiene límites. Le puede pasar a cualquiera. No discrimina”. Son palabras del actor, y reflejan muy bien las intenciones de Beautiful Boy. En la propia película se ofrece el dato de que en Estados Unidos la primera causa de muerte entre menores de 50 años es la sobredosis por drogas, y Chalamet quiso recordarlo: “Superar una adicción cuando eres joven es un gran desafío”.

La dimensión global del problema es una de las cuestiones que pretende subrayar esta cinta, y por eso el título es significativo. Nic pertenece a una familia acomodada, mantiene una afectuosa relación con su padre, tiene talento y mucho potencial por delante, y sin embargo cae en una adicción a la metanfetamina en la que recae una y otra vez a pesar de múltiples intentos por desintoxicarse. Hoy en día, cualquier chico, por muy bello que resulte su contexto, está expuesto al peligro; no se trata de una cuestión marginal.

Por eso, el film juega permanentemente con el contraste. Van Groeningen explicaba que decidió mostrar paisajes particularmente bellos como contexto de muchos de los acontecimientos que se narran, y también quiso conceder un espacio relevante a la casa de campo que posee la familia, casi como si fuera “un pequeño paraíso”. Pero mientras tanto el personaje sufre un particular infierno, que choca con una vida cotidiana y familiar a menudo casi idílica. Esta dinámica de polos opuestos termina siendo trasladada al mensaje con el que concluye la narración: “Es una película dura, pero también hay esperanza”, dijo el realizador belga.

Relaciones familiares

La relación entre padre e hijo es fundamental a lo largo de todo el metraje: “No quería que fuese una película exclusivamente sobre la adicción. La cuestión familiar también era muy valiosa para mí”, dijo Van Groeningen. “Lo que quiero es compartir la historia de las personas que sufren esto, tanto los adictos como sus familiares o su entorno, y crear una empatía. La película explica una cuestión emocionalmente compleja de manera sencilla. Lo importante es abrir el debate”.

Y añade Chalamet: “Hay que hablar de ello abiertamente. Tiene que dejar de ser tabú”. El intérprete dijo que se esforzó al máximo por dotar de humanidad a ese joven adicto, y que llegó a comprender esa sensación de deseo insaciable que sufre, y que también fue muy complejo salir de un personaje tan intenso.

Gonzalo García Chasco

 
El director Felix Van Groeningen  y el actor Timothée Chalamet.
El director Felix Van Groeningen y el actor Timothée Chalamet.

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