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El matrimonio, ¿una convalecencia?
A Girl in a Million
Sábado, 29 de Septiembre de 2018

A Girl in a Million (1946) es el cuarto guion que escribió Muriel Box junto a su marido, el productor Sydney Box, antes de convertirse en directora. Y es también la primera incursión en los tópicos del matrimonio sobre los que Muriel Box se empeñó en arrojar nueva luz, con un punto de vista de raigambre feminista, pero lejos de proclamas. La directora y guionista trataba de modelar conciencias a tra­vés de la reflexión, no de la confron­tación, y por medio del humor que relativiza, no de la mofa.

En este film que dirigió Francis Sear­le, Muriel Box convierte en objeto de estudio a un científico que no puede aguantar más a su histérica esposa. Cosa normal, tal como se la representa en la muy divertida secuencia inicial compuesta de travellings en los que la verborreica mujer sigue al callado y resignado Tony. Se divorcian y él se recluye en un monacal departamen­to de la Oficina de Guerra, solo para hombres. Pero llega una joven mu­da (menudo contraste), que viene a trastocar la placidez intelectual de los caballeros, un poco como la Barbara Stanwyck de Bola de fuego, aunque en un tono muy distinto.

La comedia de Muriel Box ya es sutil e imbricada con el romanticis­mo en esta sustanciosa historia en la que los hombres dicen cosas co­mo “el matrimonio es maravilloso… para las mujeres” o “el amor es una enfermedad; el matrimonio, su con­valecencia”. Truco para que Muriel Box replique dejando en evidencia el sometimiento de la mujer multitarea y dé la oportunidad a ese científico de ser escuchado y de interesarse por los sentimientos de otra mujer, y certificar que una relación de tú a tú es posible. Muriel y Sydney escri­bieron junto a Arnold Ridley Easy Mo­ney (1948), otro guion para reflejar la gran fantasía de las clases populares: ¿Qué harían si les tocara la quiniela? En cuatro episodios, con otros tantos grupos de personas dispares, se va descubriendo otra máxima popular: el dinero no da la felicidad. No al me­nos a una familia que ya era feliz y le surgen los problemas o a un contra­bajista que cambia de vida cuando lo que le gustaba era tocar como siempre con su orquesta. Esta vez el guion de los Box fue dirigido por Bernard Knowles.

Más alejado de los distintivos de Muriel y Sydney Box es el guion de The Brothers (1947), que dirigió con mucha fuerza visual David McDonald. Es un melodrama trágico, ambien­tado en el impactante paisaje de la isla escocesa de Skye, que puede recordar a dos películas de Michael Powell, director con el que coincidió Muriel Box en sus inicios: The Edge of the World (1937) y I Know Where I’m Going (1945). Un ambiente rural y tradicional con dos familias enfren­tadas y una chica inocente que va a trabajar como sirvienta con una de ellas. El esquema de Romeo y Julieta entre acantilados y vientos nórdicos.

Ricardo Aldarondo

 

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