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Liberté? Égalité? Fraternité?
Les Misérables
Sábado, 21 de Septiembre de 2019

Francia ganó el mundial de fútbol de 2018 con una selección crisol de razas, religiones y culturas. Las calles se llenaron de gente de todas las razas, religiones y culturas ondeando la bandera tricolor y felicitando a sus héroes futbolísticos. Sin embargo, a nada que uno haya seguido las noticias que vienen desde el otro lado de los Pirineos, esa armonía multirracial, multirreligiosa y multicultural no es más que un espejismo en un país con graves problemas de convivencia y muchos colectivos reclamando igualdad. Las banlieus, los suburbios de París, son uno de los casos más representativos. Allí, conviviendo junto a treinta nacionalidades distintas, vive Ladj Ly, director y activista francés nacido en Mali y responsable de la dirección y el guion de Les Misérables, premio del jurado en Cannes 2019.

Ladj Ly forma parte del colectivo Kourtrajmé, fundado por Roman Gavras (hijo de Costa-Gavras, Premio Donostia en esta edición del Zinemaldia), que tiene como objetivo reflejar la vida y el racismo de los barrios más marginales de Francia a través del cine y los documentales. El activismo de Ladj Ly le ha llevado a fundar una escuela gratuita de cine en el que sigue siendo su barrio, que no ha abandonado a pesar de ser considerado ahora mismo como una de las grandes promesas del cine francés. Un barrio similar al que reflejaba Jacques Audiard en Dheepan, una película con la que Les Misérables guarda ciertas similitudes temáticas y estilísticas, aunque con una mirada más panorámica y plural que aquella.

Les Misérables sigue el primer día de Stéphane (Damien Bonnard) patrullando por Montfermeil, en los suburbios de París, junto a Chris (Alexis Manenti), su duro y resabiado superior, y Gwada (Djibril Zonga), un policía que ha crecido en el propio barrio. Stéphane, que viene de un entorno rural, pronto conocerá la rudeza y corruptelas que sostienen un delicado equilibrio que implica a las autoridades y a los cabecillas de los distintos grupos étnicos del barrio. Una inocente travesura, un niño que roba el cachorro de un león de un circo gitano, desencadena una serie de sucesos que pueden echar por tierra ese castillo de naipes.

Todo esto lo cuenta Ladj Ly con un estilo cercano al documental más seco y agresivo –propio del colectivo Kourtrajmé–, con mucha cámara en mano y mucho plano de dron que, esta vez sí, tiene un sentido no sólo estético sino también narrativo. En el último tercio el tono cambia, mutando en una película de acción –antes hablaba de Dheepan– que no solo no pierde su carga política, sino que utiliza el género para multiplicarla y darle personalidad.

Ladj Ly no acusa en su película a los policías mal pagados y mal preparados, tampoco a los ciudadanos que intentan sobrevivir con las cartas que les han tocedo, ni mucho menos a los niños que crecen sin referentes. Ladj Ly apunta directamente a un sistema corrupto e injusto y a quienes lo dirigen, porque como decía Victor Hugo en su novela “Los miserables”: “No hay malas hierbas ni hombres malos. No hay más que malos cultivadores”.

Ricardo Fernández

 
Les Misérables.
Les Misérables.

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