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Cine negro canónico
En la palma de tu mano
Martes, 24 de Septiembre de 2019

La grandeza que se le supone al profesor Karín, mago y adivino, se manifiesta en los enormes carteles luminosos que ocupan toda la fachada del edificio donde tiene su consulta, en los que se lee «Astrólogo, quirósofo y ocultista», y el reclamo «Conozco su pasado, domino su presente, revelo su porvenir». Karín es un gran personaje: elegante, cultivado, seductor con la palabra, ambicioso y falto de escrúpulos, aunque capaz de revelar un corazón de oro cuando a la madre analfabeta a quien le lee las cartas enviadas por su hijo desde el frente le oculta, o mejor le disfraza, la noticia de su muerte en combate. Naturalmente, Karín es un farsante. Trabaja con la complicidad de su propia esposa, Clara, empleada en un salón de belleza muy dado al cotilleo.

Una de las constantes del cine de Roberto Gavaldón, por lo menos en sus películas más señaladas, es que es imposible aburrirse con ellas: siempre suceden cosas imprevistas, hay revelaciones continuas o giros de guion en el momento oportuno. Tras siluetear el personaje de Karín y su modus vivendi, conocemos al tercer personaje de lo que promete ser un melodrama triangular, la gran especialidad del cineasta: Ada, hermosa viuda reciente y rica heredera, a quien Karín se acerca para chantajearla, haciéndole creer que su marido era cliente suyo y posee información valiosa. Pero, antes que caer Ada en las redes de Karín, es éste quien cae en las de la mujer fatal. Descubrimos varias cosas de ella, y del sobrino del fallecido, supuestamente su amante. Y ahí es cuando En la palma de tu mano se torna genuino cine negro, en la estela de James M. Cain y de El cartero siempre llama dos veces (1946) o Perdición (1944). Una cabaña en la montaña, junto a una bella cascada, constituirá un espacio tradicional del género, disponible tanto para el amor (Ada y Karín ya una en brazos del otro mientras se consume el fuego del hogar pero no el fuego carnal) como para el crimen. Como mandan los cánones, las relaciones entre Karín y Ada se tensan progresivamente, como librando un pulso entre el amor y el odio: en una escena paroxística, discuten acaloradamente, él la abofetea dos veces y la tira al suelo, pero al minuto se abrazan y besan fogosamente. Todavía habrá más acontecimientos hasta llegar a un desenlace sorprendente: la memorable confusión del profesor Karín en el depósito de cadáveres.

Las interpretaciones del trío protagonista son brillantes. El porte de Arturo de Córdova es perfecto para esculpir el sinuoso carácter de Karín. Ada (o el ardor, que diría Nabokov) es Leticia Palma, actriz mexicana de filmografía corta pero intensa y muy popular. Nacida en Cuba e instalada en México desde 1942, Carmen Montejo, que encarna a la sufrida Clara, tuvo en cambio una trayectoria larga en cine y telenovelas y dio mucha vidilla a la prensa del corazón. La recordamos en otras películas de Gavaldón, para bien (su duelo actoral con Libertad Lamarque en Acuérdate de vivir) y para mal (la indescriptible, psicotrónica Doña Macabra). 


Jordi Battle Caminal

 

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