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Diario del Festival » Perlak
La modernidad de Balzac
Sábado, 18 de septiembre de 2021

Honoré de Balzac ha representado siempre la modernidad. Siendo adaptado en el sentido ortodoxo del término, ambientando sus historias en la época en que ocurrieron, también ha sido objeto de lecturas muy libres y actualizadas que han demostrado, entre otras cosas, la enorme vigencia de sus textos tantos años después de ser escritos.

Jacques Rivette lo adaptó directamente en La duquesa de Langeais (2007), un film en costumes, como gustan de decir en Francia, cuya acción acontece durante el periodo de la Restauración y relata la relación imposible entre una aristócrata y un militar, Jeanne Balibar y Guillaume Depardieu. Pero ya antes, Rivette había tomado el nombre de Balzac no precisamente en vano en Out 1, noli me tangere (1971) y La bella mentirosa (1991), utilizando como punto de partida transversal las novelas Historia de los trece y La obra maestra desconocida, respectivamente, para sus particulares juegos con cine, teatro, representación, documento y conspiración. Rivette adaptó fielmente a Balzac o se sirvió de la prosa del escritor como espoleta que activara sus propias historias.

Xavier Giannoli se sitúa en el terreno de la fidelidad a la época, la luz, el vestuario y los objetos, en su adaptación de Illusions perdues, obra publicada en tres partes (en 1836, 1839 y 1843) que pertenece a la serie de textos de Balzac agrupados con el genérico de La comedia humana. Tiene como una de sus protagonistas a la misma Jeanne Balibar de La duquesa de Langeais y el guion lo firma Giannoli con Jacques Fieschi, crítico de cine antes de convertirse en cineasta, como lo fue también Rivette.

Balzac es, con Jules Verne, William Shakespeare, Charles Dickens y Edgar Allan Poe, de entre los clásicos, uno de los literatos preferidos por el cine y televisión: más de doscientos títulos, entre películas, telefilmes y series, en una filmografía que se remonta al cine francés, italiano y estadounidense mudo; La duquesa de Langeais, por ejemplo, sería versionada en 1910, el mismo año en que Eugenia Grandet fue condensada en un corto de diez minutos. El coronel Chabet, Papá Goriot, El alberge rojo, La duquesa de Langeais y Eugenia Grandet son sus piezas más adaptadas, destacando la versión hollywoodiense de esta última protagonizada por Rodolfo Valentino en 1921 o la lectura vanguardista de El albergue rojo realizada por Jean Epstein en 1923.

Gérard Depardieu interpretó una de las últimas versiones de El coronel Chabet (1994) y hasta Jessica Lange sucumbió a los encantos balzaquianos en La prima Bette (1998), historia del descenso a los abismos de la pobreza de una mujer que antes lo tuvo todo. En La Maison Nucingen (2008), Raúl Ruiz filtró una de sus historias a través de una especie de surrealismo gótico. Balzac acepta cualquier mirada, género o estilo.


Quim Casas

 
Las ilusiones perdidas.
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